martes, 22 de septiembre de 2009

QUEJAS

Voy a la OCU para imponer una demanda a una compañía telefónica. En una habitación de cuatro metros cuadrados varios funcionarios escuchan las quejas de otros como yo. Mientras espero me pregunto cómo sería si yo trabajase gestionando quejas y reclamaciones. Vuelvo a mirar a los funcionarios, los observo con esas facciones rígidas, escuchando sin ningún asomo de paciencia. No me extraña que a uno de ellos las cejas se le hayan juntado. Las profesiones cambian los cuerpos; estos tienen posturas como témpanos de hielo. Pienso en al menos dos conocidos que harían ese trabajo a las mil maravillas porque siempre se quejan de todo con acritud pero tras reflexionar no les veo capaces para ese puesto ya que no tienen capacidad resolutiva, sólo la de andar por la vida como si todo fuese una carga. Me siento porque ha llegado mi turno. Hablo con el funcionario sin prestar nada de atención a lo que le digo porque sólo puedo pensar en la naturaleza de las quejas. Por la cara de extrañeza que pone mientras le explico la situación pienso que quizá no le esté contando nada sobre mi reclamación, sino una amalgama de historias sin importancia. Como tampoco pregunta nada yo sigo con mi discurso y con mis pensamientos. Las quejas deben de ir llenando a los funcionarios por dentro, son muchas horas de quejas las que escuchan a lo largo de un año. Cuando lleguen a su casa tendrán que soportar las quejas de su familia. Al final creo que he acabado de hablarle más porque me he quedado sin palabras que porque crea que he llegado al final. Aunque me cueste creerlo el administrativo de serio semblante me ha hablado al final de mi debacle. Sé que tiene razón en lo que dice pero me da pena cuando le he oído decir con ánimo belicoso “pero usted no ha traído los justificantes de pago, se podía haber ahorrado el viaje”. Quizá nadie entienda la naturaleza de sus propias quejas.

2 comentarios:

cabopá dijo...

"Quizá nadie entienda la naturaleza de sus propias quejas".
Esta frase tan contundente es muy real, verdaderamente las quejas que cada uno tenemos, son nuestras, propias y quizás intransferibles...las contamos para desahogarnos,pero, nada más...
De ahí la ineficacia de las OCUs y demás oficinas ciudadanas...Se hacen eco de ellas, pero a dónde van......Bueno amigo mio, buen lector, buen escritor (qué lo llegarás a ser)y mejor crítico...la próxima queja ya sabes con luz y taquigrafos........
Besicos.

Rafa dijo...

gracias,
a veces pienso que no nos quejamos lo suficiente, como por ejemplo con lo del palacete ponce... y a veces creo que no deberíamos quejarnos.
Muchas gracias por tus ánimos!!! Qué bien lo pasamos en el cafetico con bizcocho
besicos