miércoles, 23 de febrero de 2011


PERPETUUM MOBILE

Otra cola más. Se siente absurda frente a un reloj que marca minutos ruinosos. Está la tercera pero ha estado en diferentes posiciones antes. El tiempo de la espera pasa descafeinado. “Aún eres joven” le acribillan y ella harta de los cuatro años que tiene el título. Su padre, que se sintió orgulloso cuando eligió seguir sus pasos, ahora no para de gritarle que cuándo va a dejar de hacer la payasa para prepararse unas oposiciones como hizo él. “Lo que digas papá” piensa riéndose por dentro. Con sus manecillas morosas el reloj sigue agitado. La primera chica entra y ve a la segunda vestida de forma ridícula. Se pregunta cómo habrá caminado así por la calle. Ella no, ha venido tal y cómo es, no quiere aparentar nada. Si obtiene el trabajo que sea porque de verdad es la más adecuada. El maldito reloj le hace muecas. Ya entra la segunda, desbordando chorros de carmín por encima de sus labios frente a un espejo de mano. El reloj se consume delante de sus ojos. “Señorita, su turno”, le dicen y ella se da cuenta de que su turno fue hace tiempo, cuando entendía el mecanismo por el que ríe la gente. Tira la nariz de payaso, la había traído como última opción, y se marcha con ademán lacrimoso.

3 comentarios:

cabopá dijo...

Me gusta el tiempo descafeinado...
las manecillas morosas, si el reloj maldito le hace muecas o si se consume el reloj maldito...
Porque su turno fue hace tiempo, por eso se marcha con ademán lacrimoso....
Par mí no le falta,ni le sobra nada. Es buen,vamos de premio y un premio de "Villa"
Besicos.

cabopá dijo...

Quería decir "no de villa"

BLANCO dijo...

Me gustó. Amargo como el envés de los payasos.
Un abrazo.