martes, 2 de marzo de 2010


EL GATOPARDO… Giuseppe Tomasi Di Lampedusa
Esta novela cuenta la pérdida de un mundo, no sólo en el terreno político, sino en el familiar. Con una prosa muy semejante a la que se hacía en el siglo XIX, aunque el libro se escribió por los años 50, hace que te des cuenta de que entras en unos códigos que son diferentes. Al leerte este libro uno se hace consciente de lo que era la monarquía y que nada es tan sencillo como parece, había reyes que tenían un fino sentido del equilibrio y que eran capaces de interpretar los acontecimientos políticos de una manera que el resto del pueblo no era capaz de entender. Soy antimonárquico, el mero hecho de que exista un trabajo o cargo que pase de padres a hijos destruye los principios del mérito, capacidad e igualdad en los que creo, pero leer este libro me ha acercado a comprender que antes a las personas se las preparaban para gobernar y que muchos de nuestros políticos han ido “trepando” en sus puestos. También que todo se transforma, es decir, que el poder que se le quitó a la monarquía ha ido a parar a los altos burgueses y que, encubiertamente, los sistemas que nos gobiernan son tan endogámicos casi como los monárquicos.
Me gustaría resaltar la formidable descripción que hace la novela de los paisajes de Sicilia, paisaje árido y tan parecido al nuestro. Se puede decir que en la novela se siente de forma muy sutil el calor, la forma de ser de los sicilianos, los campos yermos…
Además, otra de las virtudes de la novela es las comparaciones. En el capítulo en el que el Rey Don Fabrizio debe tragar con que Tancredi se prometa con la hija de un burgués, que no le gusta porque son ordinarios, el escritor compara todo el proceso con “tragarse una rana”, que es un refrán que en Italia viene a ser como “hacer de tripas corazón” y la comparación resulta muy fina.
El sentido del tiempo es una maravilla en la novela. Empieza lenta, como un remanso de tiempo, mostrando la realidad de la vida de la monarquía con sus ritos católicos, la forma de su pensamiento, para después ir acelerándose según sentimos la pérdida de su posición. Al final pega un brusco salto temporal grandísimo. Al final, la iglesia que eran reticentes al cambio y arcaica, trata a la extinta monarquía como a un símbolo sin valor, para ellos perpetuarse.
Y el final es lo mejor sin duda de la novela, que no voy a contar pero en la que juega un papel importante el perro Bendicó, que cuando muere es disecado, y que deja entrever el sentimiento de decadencia que nos recorre toda la novela. Hay que decir que el que la escribe fue uno de los descendientes de la casa de los Salina, que disfrutó de la monarquía en su infancia.
Magnífica.

1 comentario:

Eme dijo...

Se me pasó comprarla! Q cabeza!
Te iba a mandar un mensaje antes, pero se ma ha ido el santo al cielo. Cena mañana o el jueves?