miércoles, 12 de agosto de 2009


Una paloma aturdida había ascendido a la cima del Empire State y no hacía nada aunque intentaras ahuyentarla.


Los taxis son la fauna de Manhattan, como en las películas levantas la mano sin querer y aparece un taxi.

El rascacielos Woolworth es toda una catedral neogótica porque sigue los principios de armonía y altura, lástima que no se pueda visitar por dentro con su estilo art deco hasta la extenuación.



Coney Island es la playa de Nueva York; una feria permanente.


En el estado de Nueva York, a 45 minutos de Manhattan, hay un paraiso natural formado por las cordilleras Apalaches con multitud de lagos y sendas para andar, toda una preciosidad. Lástima que sólo dispusiéramos de un día.




El Empire visto desde el puente de Brooklyn, a esta fotografía le falta ruido de coches.





LA CIUDAD DE CARTÓN Y ACERO

La ciudad de Nueva York es un plató gigante, en el que uno se siente como en todas las películas o series que ha visto y libros que ha leído. Las vistas de Manhattan desde Long Island, desde New Jersey son a la vez propias y a la vez sorprenden, el juego de la luz al introducirse en los rascacielos, o las fachadas de Wall Street, el reposo en Central Park… uno tiene la sensación de que ha estado allí muchas veces porque el metro recuerda al metro de la película Ghost, la quinta avenida aparece en blanco y negro como en Breakfast at Tiffany’s, las calles peligrosas de algunos barrios como en Malas Calles de Scorsese, el jazz suena de cualquier esquina de Central Park como si fuera una película de Woody Allen, Time Square es como la plaza de Blade Runner, las casas de Harlem son como las de my name’s Earl o las de películas de la mafia, o little Italy es como la película el Padrino, cuando uno camina por Chinatown (aunque te ofrezcan bolsos Vuitton) sigue creyendo que alguno de los chinos te va a vender un Gremlin y que decir del Soho con los lofts (edificios Cast-iron) de las innumerables películas de artistas como los de Jo, que noche con las que tanto hemos soñado en vivir sin paredes y con un espacio enorme para pintar y abstraernos de nuestra vida cotidiana, o Ellis Island con todos los inmigrantes tal como los describe Manhattan Transfer de John dos Pasos, en Coney Island te puedes montar en una de sus antiquísimas atracciones y tomar un perrito en Nathan’s como en la novela Llámame Brooklyn de Eduardo Lago y puedes perderte en una librería a lo Strand como en Brooklyn Follies de Paul Auster, quedan ecos de la prisión tumba egipcia de Bartleby el escribiente, además de Columbia University donde Lorca estuvo de lector… todo es igual y sin embargo, es distinto…
porque en el plató de New York circula esa otra película que es nuestra propia, la de esa paloma que vimos en el piso 84 del Empire State y que aturdida no sabía cómo había subido allí y lo que es peor no entendía como bajar, y las calles huelen mal como una hot dog podrido, el metro es refugio de predicadores y otros personajes que te miran como si fuera el fin del mundo, en Coney Island vimos más grasa que en una hamburguesa de McDonalds y a un hispano que te hacía fotos con dos boas de tamaño gigante, en el Metropolitan caben todos los saqueos que se le pueda hacer a la historia del mundo y en el museo de historia natural Whoopi Goldberg le pone la voz a las estrellas, el puente de Brooklyn es una experiencia extrasensorial porque crees verlo antes de estar en él y la puesta de sol es lo más antinatural que existe pero también muy bonita, si te alejas cuarenta minutos estás en un bosque enorme de lagos y árboles que han resistido aún la presencia de los skyscrapers, el Woolworth es el rascacielos tipo catedral gótica más bonito que has visto en tu vida pero sólo lo puedes admirar por dentro ya que no se puede subir nada más que una vez al año (si vuelvo intentaré hacerla coincidir), los edificios arden como fallas y en la quinta avenida hay numerosas tiendas que como en todo el mundo parecen discotecas (¿quedamos en Armani…?), el museo más alucinante que es el Guggenheim tiene sus 5.000 cuadros almacenados por falta de espacio y sólo muestra planos itinerantes de edificios de Frank O’Gehry, los Cloisters es un monumento que sólo lo visitan los que buscan paz interior es una construcción formada con partes de claustros y de iglesias de España, Francia, Italia y Alemania que todas unidas allí hacen que uno se cuestione si el museo lo ha ideado uno de los miles de hombres-carrozas-vendedores de perritos calientes, en Harlem uno puede escuchar misas de gospel para turistas españoles y su catedral Saint John the divine es el más edificio paella de Nueva York, en cada casa hay una bandera de EEUU y es más probable que hables en español que en inglés, en cada avenida parece que va a salir Superman o los X men o cualquier hombre disfrazado de superhéroe que se cree de verdad que vuela y se tira y después viene la policía…
es cierto, en Nueva York cabe todo el mundo tal como lo conocemos pero distinto a como lo sentimos. Suena extraño dicho con jet lag, pero es real y alucinante.

3 comentarios:

dyeve dijo...

what a wondeful site..Congrats!..you did a good job here..all the pics are just wonderful..smiles

cabopá dijo...

¡¡Vaya está nos sigue!! Allá donde voy viene detrás...ja,ja...Buenoooo Bienvenido, espero que se te haya ido el yelab...ja,ja,ja...Te leeré otro día es muy tarde...Qué envidia tus fotos y tu viaje...Yo de pequeña quería ser "corresponsal en N.Y...ja,ja. y mira dónde me he quedado de tac,tac, en el M.M....Besicos.

Carlos dijo...

New York...posiblemente escondes mucho más de lo que sabemos o sentiremos. En tus calles descansan los olvidos y atormentan los recuerdos. En estos momentos, ciudad indómita, me evocas todo aquello de lo que deseo huir: soledad, anonimato, desconcierto, vacío, la nada..te siento como una de las mejores ciudades para ser ignorado, para ignorarme, para perderme. Es extraño que, a pesar de que nunca te he vivido, es como si te conociera profundamente. Quizás sea porque ya bebí de ti en otra vida. Quizás sea porque, en mi deriva, eres el único puerto de destino y, en tus costas, donde yacerán mis restos.