sábado, 14 de noviembre de 2009

LA PLAZA DEL DIAMANTE... Mercé Rodoreda



La Plaza del diamante es la historia de Natalia, una mujer ingenua a la que muchas veces anulan su capacidad de decidir y, en la que están reflejadas muchas mujeres de la época a las que no dejaban decidir porque era el hombre el que debía hacerlo. Por medio del monólogo vamos conociendo su vida, con una prosa sencilla pero no carente de enjundia. Somos testigos de cómo el Quimet hace que se deje a su novio y empieza a llamarla Colometa, palomita en catalán. Su relación con las palomas será uno de los simbolismos que más me han gustado de la novela, como el Quimet le obliga a tener palomas que tanto asco le dan y encima, como siempre, se aprovecha de ella y tiene que cuidarlas. Colometa tendrá que enfrentarse a la dura guerra civil, lo que conllevará consecuencias irreversibles para ella. La estructura de la novela, en capítulos cortos que van contando un episodio hace que no se pierda la emoción ni un instante y además va creando un cierto bosquejo, una estampa impresionista de su vida alimentado por el lenguaje, que no se aleja en ningún momento la frescura y la ingenuidad del personaje, que lejos de ir contando su vida de forma sencilla le da una riqueza en metáforas, muy en el tono del personaje, que hace que disfrutes con su belleza lírica y que empatices con ella, sintiéndote en algunos momentos parte de Colometa, de su imposibilidad de decidir, de la dureza de la vida que debe llevar, de su efervescencia emocional. Muy recomendable.
“Cuando alguna vez había oído decir: esta persona es como de corcho, no sabía lo que querían decir. Para mí el corcho era un tapón… Y por fin entendí lo que querían decir cuando decían que una persona era de corcho…, porque yo era de corcho. No porque fuese de corcho sino porque me hice de corcho y el corazón de nieve. Tuve que hacerme de corcho para poder seguir adelante…”

“Y sentí intensamente el paso del tiempo. No el tiempo de las nubes y del sol y de la lluvia ni del paso de las estrellas adorno de la noche, no el tiempo de las primaveras dentro del tiempo de las primaveras, no el tiempo de los otoños dentro del tiempo de los otoños, no el que pone las hojas a las ramas o el que las arranca, no el que riza y desriza y colorea a las flores, sino el tiempo dentro de mí, el tiempo que no se ve y nos va amasando”

“Me parecía que todo lo que hacía ya lo había hecho, sin que pudiese saber dónde ni cuándo, como si todo estuviese plantado y arraigado en un tiempo sin memoria…”

3 comentarios:

cabopá dijo...

Te acabo de ver en el blog de Clares.....Sentí mucho no estar escuchandote...ya nos contarás como salió.......Besicos.

Eme dijo...

Yo lo empecé y lo terminé ayer, me gustó mucho. 1 Besito!

Clares dijo...

Hace unos meses que lo leí. Muy bonita novela, si no fuera porque no consiguió la mujer engañarme. Quiero decir que en ningún momento pude olvidar que una persona de ese estrato social y con esa historia no puede escribir así, y como la novela está escrita en primera persona, pues estuve oyendo a la escritora y no al personaje de Natalia. Lo cual me estropeó la lectura. Yo es que soy muy mía para estas cosas. O escucho lo que tengo que escuchar o sufro.