miércoles, 4 de noviembre de 2009

ESCRITO EN EDIMBURGO


Salió poco el sol, pero cuando lo hizo mostró una gama de colores inimaginables.
Algunos árboles habían perdido su cobertura espesa haciendo juego con el sombrío dibujo de los edificios.

Con su mismo cuerpo de hojas formaban un tapiz que decoraba el suelo de espejo.


Los árboles con las hojas amarillas, el color de la piedra con la lluvia transmitían una gran serenidad y una sensación de belleza inolvidables.



El ayuntamiento de Glasgow se alza en Merchant Street, a la izquierda, siempre en lo alto el monumento a Nelson.


***

Estoy en el café Costa cuyos ventanales miran hacia la calle Princes Street en Edinbourgh, disfrutando de una maravillosa tarta de chocolate. La época es la mejor para venir, hace frío y los árboles están en llamas, es decir, el rojo y el amarillo chispeante los ha asaltado. Donde quiera que mires el espectáculo es increíble. Los obreros abren heridas a lo largo de la calle para supurarlas con las vías del tranvía. Cuando Princes Street mezcle sus jardines y la belleza de los edificios medievales sobre la colina con la monotonía del paso de los trenes, esto podría ser un lugar zen. Ahora iré al lugar en el que estuve alojado durante un curso que hice de un mes y visitaré The Meadows porque todavía (hasta mañana) no empieza el congreso. Será extraño volver allí, y andar lo que anduve. La humedad penetra por las grietas del recuerdo.

Todos los bares y cafeterías de Edimbra están decoradas con motivos halloweenianos. Casi todo lo que hago aquí a las 7 cuando acaba el congreso es tomar cerveza, uno la toma para casi todo, como los nativos. Me gustaría vivir en Edimburgo durante una temporada pero no puede ser. Aprendería a hablar inglés bien y a captar los pequeños detalles, esas pequeñas líneas entre los discursos que casi no percibo, que devienen en intuiciones. Suena ahora una canción que descubrí aquí, del álbum Final Straw de snow patrol, que se transforma en un cobertor para la tristeza en una húmeda sensación. Sobre esta calle se eleva Calton hill, a la que subiré mañana. En el ejercicio de ascensión a las montañas hay una necesidad casi espiritual. Ascendiendo a las montañas se observa que la vida discurre ahí abajo y que al subir se domina la vista de la que fuimos parte hace escasos segundos. Desde Calton Hill se otea la postal más bonita de Edimburgo, coronándose con cúpulas y agujas en una linealidad celestial. Al que vaya alguna vez a Edimburgo se lo recomiendo porque no es algo que suelan hacer los turistas.

5 comentarios:

Eme dijo...

Bonitas fotos! Ya no te quedarán residuos de jet lag espero. Bss!!!

cabopá dijo...

"un cobertor para la tristeza" que bonico y mu murciano, lo del "cobertor", una vez en Madrid dije ese palabro y nadie sabía qué era....
Si puedes me mandas un correo con los deberes......jajajá
Besicos.

Lisandro dijo...

Hermosas fotografias!!! un abrazo!

Rafa dijo...

Gracias EME!!! No hay jet lag, quiero ir ya a un concierto!!!

Cabopa, yo tampoco sabía que era murciano pero ahora que lo dices suena de aquí.
Gracias Lisandro, seguro que Argentina tiene paisajes muy bonitos. Quiero ir pronto!!! pero la plata...

Gonzalo dijo...

¡Hola Rafa!

Sí que son bonitas las fotos!! Ha tenido que ser un viaje precioso, la verdad. Por lo pronto, has podido ver un verdadero cambio de estación, algo que aquí en Murcia es casi imposible, con estas estaciones solapadas que tenemos, sin hojas amarillas en los árboles (de verdad, no sé por qué dejan los árboles pelados tan pronto).

Un abrazo