“El director siempre tiene que acabar la película, aunque nunca vaya a mostrarla”
Dice el protagonista de la película. Me pregunto si Almodóvar pensará que ha terminado la película, me refiero, a si un producto artístico puede ser acabado. Es difícil porque se llega a un punto en el que la historia se estropea. Almodóvar es un metacinematógrafo, se ha convertido en un caníbal: hasta de sí mismo. Si ya en mujeres al borde de un ataque de nervios imitaba a laberinto de pasiones, en un retruécano sin fin, en esta se imita a mujeres hasta en el corto de presentación. Como Carmen Machi lo hace tan bien, no queda mal y como mujeres es tan buena, sales con una sonrisa en los labios.
Lo mejor de los abrazos rotos es la intrahistoria. Porque hasta que empieza a contar la verdadera historia, como en un puzle, todo parece monótono y los diálogos almodovarianos me parece que no encajan con la seriedad que tiene. Pero cuando empieza a recordar sobre la historia de amor, exceptuando la escena de oficina y cáncer del padre de Pe, todo su universo sale a flote contagiándolo todo. Si en Mujeres Iván era un doblador, aquí es alguien que quiere que le doblen una película que se graba en off, con lo que el disparate es increíble, dotándole a la película de mucha intensidad. Pareciera que está película es la imagen especular de Mujeres, aquí el que está obsesionado es el supuesto Iván y no la chica, y su obsesión no deja fluir la verdadera historia.
Lo demás, lo que está pasando es de un Almodóvar ya maduro, vuelto director aburrido, afortunadamente no es mucho. Lo importante que se puede sacar de esas escenas insulsas (de esas y las divertidas también claro) es, más que la historia, la imagen, el tratamiento visual, la alegoría, las referencias a todo un universo…
No es de lo mejor del director, pero tampoco de lo peor.
lunes, 30 de marzo de 2009
jueves, 26 de marzo de 2009

EL PARQUE DE FLORIDABLANCA.
Ella camina sola. Va rápido, la acaba de dejar el tren y anda apresurada. Pasa por las calles polvorientas. Los carruajes levantan polvo. Me mira, a veces me mira. No sé si me ve, podría ser pero, es incierto. No sé sabe qué relaciones puede establecer con el mundo una persona que ya no ve casi, que ya no oye. Tampoco toca mucho, sus articulaciones parecen salirse de sus uniones. Ella sigue andando, hacia dónde va, creo que está en el parque de Floridablanca. Allí vivían sus señoritos, muchas veces me ha hablado de ellos, el sr López, de su hijo que la quería mucho, el pequeño. La llamaba mamá y su madre verdadera le castigaba. En el parque los árboles son altos, el polvo llega hasta allí. El único parque que parece inglés, le dice una de sus amigas. ¿Has estado tú acaso en Inglaterra?, le contesta ella que era muy descarada y ríen. Nunca ha salido, está ahí dentro pero no sé de qué forma. Su tiempo se ha quedado como en una antesala de hospital. A lo lejos toda su vida. Delante la muerte pero ella está en medio, como si las cosas la sujetaran parcialmente. Siento el deseo de cogerla, llevármela de allí. ¿A dónde la llevarías? Me pregunta mi madre, como adivinando los pensamientos. La tomaría en brazos, ahora pesa poco. La llevaría al parque de Floridablanca, el único parque inglés de Murcia. ¿Por qué allí? No sé, para que muera en algún lugar que sea suyo. Sé que fue feliz en ese parque. Me contaba cosas, cómo cuando llegaba tarde, siempre paraba un rato como si estuviera cansada para mirar las copas de los árboles que se enredaban en el cielo. O cuando iba con amigas después del Coliseum. Yo creo que ya no tiene sentimientos, hijo. Pero yo la veo, está caminando, no sé a dónde va, ella tampoco lo sabe porque camina sola.
Ella camina sola. Va rápido, la acaba de dejar el tren y anda apresurada. Pasa por las calles polvorientas. Los carruajes levantan polvo. Me mira, a veces me mira. No sé si me ve, podría ser pero, es incierto. No sé sabe qué relaciones puede establecer con el mundo una persona que ya no ve casi, que ya no oye. Tampoco toca mucho, sus articulaciones parecen salirse de sus uniones. Ella sigue andando, hacia dónde va, creo que está en el parque de Floridablanca. Allí vivían sus señoritos, muchas veces me ha hablado de ellos, el sr López, de su hijo que la quería mucho, el pequeño. La llamaba mamá y su madre verdadera le castigaba. En el parque los árboles son altos, el polvo llega hasta allí. El único parque que parece inglés, le dice una de sus amigas. ¿Has estado tú acaso en Inglaterra?, le contesta ella que era muy descarada y ríen. Nunca ha salido, está ahí dentro pero no sé de qué forma. Su tiempo se ha quedado como en una antesala de hospital. A lo lejos toda su vida. Delante la muerte pero ella está en medio, como si las cosas la sujetaran parcialmente. Siento el deseo de cogerla, llevármela de allí. ¿A dónde la llevarías? Me pregunta mi madre, como adivinando los pensamientos. La tomaría en brazos, ahora pesa poco. La llevaría al parque de Floridablanca, el único parque inglés de Murcia. ¿Por qué allí? No sé, para que muera en algún lugar que sea suyo. Sé que fue feliz en ese parque. Me contaba cosas, cómo cuando llegaba tarde, siempre paraba un rato como si estuviera cansada para mirar las copas de los árboles que se enredaban en el cielo. O cuando iba con amigas después del Coliseum. Yo creo que ya no tiene sentimientos, hijo. Pero yo la veo, está caminando, no sé a dónde va, ella tampoco lo sabe porque camina sola.
sábado, 21 de marzo de 2009
CRÍTICA NOVELA: LA MUJER CALVA

Esta novela que ha ganado el prestigioso premio Lengua de trapo, de carácter juvenil, es una novela que va sobre un hecho banal como es que se muera tu padre y tu madre se tenga que venir a vivir a tu casa. Cómo de repente se puede volver un acontecimiento incómodo, cuando uno tiene su vida hecha. De ahí el título: la mujer calva, que hay más incómodo para una mujer (o para un hombre, que conste) que ser calva. Eso le ocurre a la protagonista, que lo cuenta entremezclando los recuerdos de su familia en la acción como si formase parte de ella. A veces parece que se encuentra en una nebulosa, pareciendo una mera espectadora de su vida y todo discurre ante sí: su familia, sus relaciones con el director del instituto o Mircea, el inmigrante que le está acondicionando la buhardilla por deseo expreso de su madre para que ella se instale allí y que le perturba sexualmente. Se nota que Cristina Cerrada, que es profesora de talleres literarios y que ha ganado ya varios premios, domina el arte de la narración. Las imágenes son lo mejor que tiene el libro, desde la primera, una mujer, Lailja, que nos extraña que se arregle mucho para un entierro porque parece como si se alegrara. Es el de su padre. O el sofá de su padre, cuando su madre se empeña en traerlo. Si supiera algo de psicoanálisis, seguramente yo pensaría que es un sustituto del padre al que llevaba tiempo sin ver, y es una presencia áspera en la familia por mucho que la madre se empeñe en traerlo, como si fuera una obligación de antigua esposa ya que se divorció de él. Me parece a destacar también la sutileza de la madre al reprochar cosas de su vida, como que el director del instituto no la quiere. La protagonista deja pasar su vida ante los ojos. Todos están desdibujados, misteriosos. Sólo se ve el sentimiento que los envuelve.
Una novela interesante.
Una novela interesante.
jueves, 19 de marzo de 2009
miércoles, 18 de marzo de 2009
Ruta POR MARINA DE COPE
Hace dos domingos me fui de caminata por Cabo Cope, esa zona que está amenzada por la construcción y que sólo la crisis puede pararla. Fueron 7 horas, salimos desde Puntas de Calnegre y llegamos a Calabardina. El paisaje era impresionante, os animo a que la hagáis, está muy bien señalizada. Ya podían hacer mejor que el Marina D´or que quieren hacer, un turismo sostenible con albergues desmontables porque las playas eran preciosas.
Ahora subiré sólo una que va muy lento, después más.
lunes, 16 de marzo de 2009
microrrelato
La carretera daba vueltas y Marga se encontraba sumida en un mapa de líneas horizontales y verticales. Yo estaba furioso. Venga que hay otro cartel, le decía. La salida se nos pasa y era verdad que se nos pasaba. Tenía que haber cogido yo el mapa, pensé. Entonces fue cuando me vino la impresión de que todo era absurdo. Si mirásemos desde un helicóptero, veríamos nuestro coche dentro de ese mapa en el que Marga había enredado su cabeza intentando encontrar una salida que yo sabía que no iba a encontrar. Me relajé. Volví a mirar a Marga y pensé en lo sugerente que estaba rodeada por kilómetros y kilómetros de asfalto dibujado, su vestido parecía un magma de líneas. Me introduje por la primera salida que vi. Oye, me dijo, que no te he dicho nada. Yo creo que voy a seguir un camino alternativo, dije a la vez que separaba las líneas del mapa de su piel para acariciarla.
martes, 10 de marzo de 2009
fotografía en el espacio AV.... francesca Woodman

En el espacio AV han puesto una muy interesante exposición de Francesca Woodman, que vivió de 1958-1981 y cuya muerte sigue siendo un enigma. El cultural de El mundo le dedicó un reportaje como muestra de la exposición en Murcia, cosa rara en este desierto. Y es que la exposición no lo desmerece: texturas que se confunden con la piel, desnudos (en casi todas las fotos sale o ella o una mujer desnuda), fotos poética, edificios antiguos. Se podría decir que fue una fotógrafa autodidacta y que sus fotos conservar un poco de inocencia, o de no saber qué es lo que va a pasar. Muy recomendable.
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